Cuándo le pregunten qué es la sostenibilidad, responda: depende

Cuándo le pregunten qué es la sostenibilidad, responda: depende

1024 935 Julio Andrés

Cuándo le pregunten qué es la sostenibilidad, responda: depende.

Cada vez que le solícito a las personas que asisten a mis conferencias y cursos que levanten la mano si están de acuerdo con la siguiente pregunta/afirmación, ¿cuál crees que es la respuesta?:

“¿Quién está de acuerdo con que reciclar en casa es beneficioso bueno para el medio ambiente?

Casi que de inmediato, digamos que un 90% de la audiencia levanta la mano y afirma que sí, que sí están de acuerdo con que el reciclar es algo que todos deberíamos hacer en nuestros hogares y también a nivel empresarial e industrial. Y en efecto, es que es obvio. Se nos han enseñado que reciclar es una de las pocas pero significativas contribuciones que como individuos, podemos hacer para “salvar nuestro planeta”.

Por su parte, unos pocos, de manera tímida y dubitativa, suben, bajan y vuelven a subir la mano como si intuyeran que algo triquiñuelo se esconde detrás de la pregunta. Y en efecto, la pregunta capciosa tiene un objetivo y es cuestionar a la persona si en efecto, reciclar es conveniente o inconveniente para el medio ambiente. Pero, ¿cómo atreverse a poner en duda algo que naturalmente es de puro y físico “sentido común”?

Empecemos a analizar entonces este dogma:

Primero, reciclar en casa no es lo que se hace, a menos que se tuviese instalado un sistema completo de transformación de los residuos y su posterior consumo. Lo que hacemos (y si lo hiciéramos), es separar los residuos que generamos, sean éstos sólidos, líquidos, orgánicos o inorgánicos. El proceso de reciclaje es algo más amplio que busca reincorporar en el ciclo de consumo y de producción algún material previamente utilizado. Este término hace parte de algo incluso más amplio y que hoy en día adopta un rótulo aún más sofisticado que se conoce como: la economía circular.

En conclusión, aunque pareciera un debate netamente semántico de poca importancia, resulta ser muy relevante porque (como lo mencionaré en más detalle en el capítulo XZ), la comunicación juega un papel muy importante cuando se trata de incidir en las percepciones de las personas y en el proceso de transformación de hábitos de producción y de consumo. Un correcto uso del lenguaje, de las palabras y sus significados, permite que el entendimiento de las herramientas de gestión en el mercado sean más claras, precisas y motivantes para generar mejores impactos por medio de la acción.

Si bien, reciclar es un acto loable para con el medio ambiente, y además, está categorizado como una de las principales contribuciones que deberíamos hacer en la sociedad para minimizar los impactos ambientales que se generan en el entorno, en ciertas ocasiones, es preferible no reciclar.

Pero cómo se atreve a decir que es mejor no reciclar cuando todo el mundo sabe que eso es lo que hay que hacer; por qué razón se debería contradecir lo que se nos ha dicho que se debe hacer con los residuos desde que somos niños. Pues bien, la razón es sencilla y su explicación radica en algo que muchos de nosotros olvidamos cuando todo parece tan obvio: aplicar el sentido común.

Transformar un residuo en un nuevo producto es conveniente, si y sólo si, los impactos y beneficios ambientales y económicos son menores en comparación al hecho de no reciclar. Vamos a explicarlo con un ejemplo extremo que lo ilustre: para poder transformar el papel utilizado en un nuevo papel, o papel reciclado, es necesario contar con agua para poder remojarlo previo al proceso de trituración. En este caso, llevar a cabo el proceso de reciclaje demanda de dos insumos necesarios para tal fin: agua y electricidad para poner en funcionamiento la licuadora o la trituradora.

Ahora bien, supón que en un contexto, en donde quien efectúa el proceso de reciclado no cuenta con un sistema de gestión de agua, y además, está ocurriendo con una sequía impresionante, y a la vez, el costo de la energía para operar la máquina trituradora es alto (o de pronto, la máquina es operada con gasolina o diesel), entonces cabe a lugar la pregunta: ¿qué es más beneficioso, transformar el papel o no hacerlo?

Bien, como el objetivo es cuestionar los dogmas que se han generado alrededor de ciertos conceptos y prácticas en sostenibilidad, entraría a cometer el mismo error de pretender dogmatizar algo que se encuentra sin evidencia aún si emitiera una respuesta a esa pregunta. La mejor manera de analizarlo depende del contexto y de las variables que lo caractericen. Así, en algunos casos será más beneficio reciclar y en otros casos, la mejor alternativa será no hacerlo. En otras palabras, la palabra reina que definirá si una práctica puede llevarse a la acción con el objetivo de promover la sostenibilidad es: “depende”.

Cuando le pregunten qué significa la sostenibilidad, responda: “depende”

Es por ello que para salir de dudas y poder tomar una decisión acertada en función de la generación del menor impacto ambiental, social y económico posible, es necesario contar con información que nos permita llegar a la conclusión de si el utilizar el agua y la energía generaría un menor impacto, o si por el contrario, no transformar el papel en un nuevo papel reciclado sería más conveniente debido al contexto de escasez del agua y el costo elevado de la energía.

Nota que he subrayado tres elementos en estos últimos párrafos: a) ejemplo extremo, b) en un contexto y c) contar con información. La razón de ser se debe a las siguientes explicaciones:

Por una parte, la intención es ilustrar un caso en donde las condiciones que lo caracterizan son las más inconvenientes o desfavorables. En la realidad, existirán ciudades, empresas o individuos que cuenten con los recursos para llevar a cabo actividades de reciclaje generando el menor impacto posible; pero, la verdad es que en muchas regiones de nuestros países aún existen escenarios de escasez en donde los recursos naturales compiten entre sí. Por ejemplo, es el caso cuando la decisión de utilizar el agua disponible en una región, entra en disyuntiva entre su uso para los sistemas de riego agrícolas o para el consumo humano.

En un artículo del año 2014 del periódico El Heraldo de la ciudad de Barranquilla, “según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, en el año 2000 la demanda hídrica total en Colombia constituía 5.461,5 millones de metros cúbicos, de los cuales un 37% correspondía al consumo urbano”. Para el año 2015, data el periódico que la demanda a nivel urbano tuvo una proyección de incremento estimada en un 283% y que en aquel año, los datos de demanda hídrica “para el área urbana está constituida por el consumo de los habitantes (91,46%), seguido por las actividades de servicios e industria. Al agregar las actividades municipales, el panorama es bastante diferente: el 32% era demandado por los cultivos agrícolas de gran irrigación, el 10% para actividades pecuarias y el 7% para actividades de riego a menos escala. Solo el 34% se movilizaba para consumo urbano”.

Por otra parte, cuando se quiera tomar una decisión para promover una estrategia en sostenibilidad, cualquiera que esta sea, es necesario que todo esté puesto en un contexto. Por ejemplo, no es lo mismo reciclar papel o cartón en una ciudad como Bogotá que cuenta con grandes reservas de agua gracias a sus embalses de San Rafael en la Calera y Chuza, en Chingaza, cuya capacidad puede llegar a alcanzar los 150 millones de metros cúbicos de agua, a tener el caso de la ciudad de Yopal, ubicada al oriente de Colombia, que duró sin acceso al agua potable entre los años de 2011 y 2014 debido a un derrumbe que destruyó la planta de tratamiento de agua de la ciudad.

Finalmente, uno de los retos que tenemos quienes trabajamos en sostenibilidad, es poder contar con datos e información de calidad que nos permita entender la magnitud de los impactos en términos ambientales, sociales y económicos que se generan debido a alguna actividad de producción o de consumo; pero también poder definir o priorizar cuánto impacto (positivo o negativo) se genera a partir de la interacción entre las tres esferas de la sostenibilidad (trade-off) y con ello, poder tomar la mejor decisión para implementar alguna actividad alrededor de las prácticas de consumo y de producción.

Este último aspecto es tan importante como necesario. En el campo de la sostenibilidad hay un aspecto que debe ser tenido en cuenta en el momento de analizar los impactos. Se trata de comprender qué impactos se generan a partir de un impacto generado gracias a las actividades o prácticas de consumo o de producción en nuestro diario vivir. No es tan complicado como suena, sin embargo, vamos a explicarlo. Esto que acabo de exponer se conoce como un efecto rebote.

Autor: Julio Andrés Rozo autor del libro “30 cosas sobre emprendimiento que nadie me enseñó en la universidad”  Otros artículos del autor: “Recomendaciones para un emprendedor sostenible” 

30 cosas sobre emprendimiento - Pasta blanda

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